La inminente Ley española de Secretos Empresariales, impulsada por la Directiva 2016/943 relativa a los conocimientos técnicos y la información empresarial no divulgados, va a suponer un gran avance en España (como lo van a ser las respectivas leyes nacionales europeas) para la protección del secreto empresarial, que se posiciona a la misma altura que los derechos de Propiedad Intelectual e Industrial (patentes, marcas, diseños y derechos autor) ofreciendo una protección similar a los mismos.

Ahora bien, una mínima diligencia en la materia hace necesario tener un plan de gestión de secreto empresarial para su protección y defensa, por los motivos que vamos a exponer a continuación.

Es necesario remarcar que no toda la información confidencial tiene la condición de secreto empresarial. El cumplimiento de los requisitos que establece la Ley (información secreta, con valor empresarial real o potencial y objeto de medidas razonables para mantenerla en secreto)  es fundamental para que la información tenga la condición de secreto empresarial ya que cuando se quiera hacer valer frente a un tercero, éste intentará alegar que no tiene esa condición y obligará al titular del mismo a realizar una actividad probatoria en contrario.

No solo se considerarán infractores los que tengan esa responsabilidad por actos propios de obtención, utilización y revelación ilícitas, sino que también la ley establece tal responsabilidad con carácter objetivo para aquellos que sabían o, en dichas circunstancias, deberían saber del origen ilícito, e incluso una responsabilidad “ultra objetiva” ya que los intermediarios (fabricantes, importadores o los que comercializan) de buena fe también tienen responsabilidad cuando realizan su actividad y el producto o servicio infringe el secreto empresarial de un tercero. Esto enfatiza la necesidad de realizar procesos de due diligence de empresa y la firma de contratos trasladando a los proveedores las responsabilidades derivadas de infracciones de secretos empresariales.

Enlazando con lo anterior, podemos afirmar que es una Ley que protege a los titulares de los secretos empresariales, dando una seguridad jurídica suficiente para actuar en el mercado. Y, que, por lo tanto, al cumplir con la nueva Ley las empresas que gestionen correctamente los secretos dispondrán de diversos mecanismos legales para impedir que terceros infrinjan sus secretos empresariales.

Por último, no podemos dejar de señalar que la correcta gestión del secreto empresarial aminora el riesgo de fuga de secretos empresariales por parte de empleados y terceros, y supone un valor añadido para los procesos de venta o licencia de estos.

Autores: Javier Fernández-Lasquetty y Cristina Espín
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