Fuente: EPO (de izqda. a drcha.) Jean-Luc Issler, Lionel Ries, Laurent Lestarquit, José Ángel Ávila Rodríguez y Günter W. Hein, ganadores del Premio al Inventor Europeo del Año 2017 en la categoría de Investigación.

Hace unos días hemos recibido la grata noticia de la concesión a José Ángel Ávila y su equipo del Centre National d’Études Spatiales, CNES, del premio al Inventor del Año que otorga la Oficina Europea de Patentes, EPO.

Sin lugar a dudas es una gran noticia y una enorme satisfacción para España, y deseamos que sólo sea el inicio de un largo camino para las empresas y trabajadores españoles, que teniendo a José Ángel Ávila y a todo su equipo como referente, se animen, cada día más, a invertir y proteger su I+D.

A lo largo de mi experiencia profesional he podido comprobar cómo, tras tomar contacto con trabajadores que están ocupados en proyectos innovadores y susceptibles de ser protegidos mediante un derecho de Propiedad Industrial (PI), finalmente, quedan los mismos sin protección alguna; es decir, desamparados porque los propios trabajadores y/o la empresa donde ha nacido el desarrollo de I+D, no son conscientes de la importancia de proteger los desarrollos realizados mediante, al menos, un derecho de PI.

La ausencia de derechos de PI facilita el desgaste y la desaparición de la industria al abandonar ésta la única ventaja que pudiera proporcionarle el hecho de ser los primeros en fabricar y comercializar el desarrollo de I+D.

¿Por qué somos remisos a proteger los desarrollos de I+D? ¿Qué tiene que cambiar en nuestro ADN para que demos el paso de solicitar un derecho de PI como, por ejemplo, una patente?

A menudo la empresa es consciente de la necesidad de proteger los desarrollos de I+D ante dos situaciones posibles:

  • una primera manera es, cuando la empresa detecta que un imitador lanza un producto similar, aprovechando que el producto original no está protegido; es decir, la empresa imitadora se aprovecha del trabajo de la empresa emprendedora, para introducir en el mercado sus productos, pudiendo ser más baratos, ya que no hay costes de desarrollo. En este caso, el producto de la empresa emprendedora registrará una menor penetración en el mercado o para incrementar la cuota de mercado, la empresa emprendedora tendrá que reducir el precio del mismo, necesitando un periodo de tiempo mayor para recuperar los costes de desarrollo del producto;
  • y una segunda manera es cuando la empresa recibe una carta de requerimiento invitándola a negociar los royalties por haber utilizado una tecnología protegida sin autorización del titular del derecho de PI.

En ambos casos, es cuando la empresa adquiere la necesidad de proteger sus desarrollos de I+D y/o de verificar que no haya un derecho de PI en vigor que limite su actividad empresarial.

Si se protegen los desarrollos de I+D realizados en España y comenzamos a tener una cultura similar a la que tenemos en otros campos tecnológicos como, por ejemplo, el de los trasplantes de órganos, podría ser mas habitual leer en los medios de comunicación que un español y una empresa española ha recibido este tipo de premios o reconocimientos.

En definitiva, en España se realiza I+D que no siempre es bien protegido, por falta de presupuesto o por pre-concepciones erróneas por parte de los responsables de tomar la decisión dentro de la empresa. Por ello, desde aquí quiero realizar un llamamiento para fomentar dentro de las empresas españolas políticas activas de protección de los desarrollos de I+D realizados por ellas.

Para finalizar, no quisiera dejar de mencionar un tema que ha levantado ciertas incertidumbres últimamente. Con la entrada en vigor de la Ley 24/2015, de 24 de julio, de Patentes, sólo se concederán patentes tramitadas con un examen de patentabilidad, algo optativo en nuestra anterior regulación. Está claro que este sistema levanta el listón de las obligaciones a la hora de solicitar una patente pero no es más cierto que los derechos concedidos contarán con una fuerza y seguridad jurídica muy superior. Por lo tanto, las patentes españolas serán equivalentes a las concedidas por oficinas como la Oficina Europea de Patentes (EPO) o la Oficina Norteamericana de Patentes (USPTO), que realizan el mismo examen de los requisitos de patentabilidad.

No podemos dejar de defender que, con unas patentes fuertes y sólidas, las empresas españolas tendrán mayores posibilidades de internacionalizar y transferir sus innovaciones.

Como nos ha demostrado José Ángel Ávila, sí merece la pena proteger los desarrollos de I+D mediante patentes. Aprovecho esta ocasión para felicitarle, no sólo por el premio recibido, sino también por el trabajo desarrollado durante toda su carrera profesional.

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