Hace ya casi 35 años que mis padres me llevaron a Andorra para conocer ese pequeño país de los Pirineos. También me llevaban porque Andorra era el destino óptimo para invertir mis ahorros en el que fuera mi primer reloj digital.

Han pasado muchos años desde entonces y el Principado de Andorra sigue siendo un auténtico reclamo para el turismo. Sus impresionantes pistas de ski –muchas veces reconvertidas durante el período estival en pistas de mountain bike-; sus paisajes inigualables y caminos para los amantes del senderismo y su maravilloso arte románico, constituyen una magnífica excusa para viajar al Principado

Pero Andorra posee además otro valor que atrae todos los años a miles de turistas: su frenética actividad comercial basada en una política de impuestos y precios ajustados. No es difícil encontrar en sus calles establecimientos de marcas de lujo, coches que conquistan la mirada de los viandantes, tiendas de perfumes y licores, moda y electrónica o restaurantes donde resulta muy agradable degustar los mejores vinos de todos los rincones del mundo.

A pesar de este potencial turístico y comercial y de ser un país con una renta per cápita significativamente más elevada que la de sus países vecinos –España y Francia- el Principado de Andorra no ha dispuesto hasta fechas relativamente recientes de una legislación en materia de marcas. Hace tan sólo unos meses se celebraba el vigésimo aniversario del inicio de las actividades de la Oficina de Marcas y Patentes del Principado de Andorra (OMPA). Fue el 5 de diciembre de 1996 cuando las primeras solicitudes de marcas eran depositadas y los primeros titulares obtenían, por fin, una adecuada protección de sus marcas. No en vano, la Exposición de Motivos de la Ley de Marcas destaca que “la importante actividad comercial y de prestación de servicios del Principado de Andorra hace necesario regular mediante una ley que dé la seguridad jurídica suficiente, tanto a nacionales como extranjeros, la protección al derecho de propiedad y el uso de marcas industriales, comerciales y de todo tipo”.

Andorra no forma parte de la Unión Europea ni es miembro del Protocolo del Arreglo de Madrid, por lo que un sistema propio de protección de marcas se había revelado necesario. Un sistema alineado con las legislaciones modernas, pero que permitiese el registro ágil y de coste muy contenido. Un procedimiento de registro en el que al no preverse la formulación de oposiciones tuviese como casi única dificultad la codificación de los productos. Un procedimiento de registro que rara vez se alargue más de quince o veinte días.

Parece que fue ayer cuando Elzaburu empezó a gestionar los primeros expedientes de registro en el Principado de Andorra. Desde entonces, ha intervenido en la tramitación de varios miles de marcas y gestionado su mantenimiento y cuidado de forma integral. Y el resultado se puede decir que es muy satisfactorio, porque ha permitido cubrir una de las carencias de protección que tenían los titulares de derechos. Ya no hay excusa; cualquier estrategia de protección de una marca en Europa debe pasar necesariamente por el registro en el Principado de Andorra.

Y quien no haya tenido presente el Principado de Andorra en sus estrategias de internacionalización, tiene todavía la oportunidad de hacerlo porque el registro de marcas del Principado de Andorra está ahora en su plenitud. La OMPA ha cumplido 20 años. ¡Felicidades!

Autor: Luis Baz
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