Entre las efemérides más curiosas que celebramos este año destaca el centenario del estreno en París, un 29 de mayo de 1913, de “La consagracion de la Primavera”. La premiere había despertado una espectación inusitada, pues el ballet aglutinaba no pocas figuras de la época: el compositor Stravinski, el coreógrafo Nijinski, el pintor Nicolai Roerich y el director de orquesta Monteaux. 

Si la fecha ha pasado a los anales de la historia de la cultura no ha sido por la importancia en sí de la obra sino por el escándalo mayúsculo que se generó en el patio de butacas ante la novedosa propuesta musical que la partitura entrañaba. Las risas y burlas que arrancaron tras los primeros compases del preludio desembocaron en un alboroto tal que hizo que el propio compositor tuviera que levantarse y buscar refugio entre bastidores. Allí tuvo que agarrar de la camisa a Nijinski, quien preso de ira se disponía a lanzarse sobre el escenario para poner fin al tumulto. “Un jaleo espantoso”, en palabras del compositor de El pájaro de fuego.
Comentarios del New York Times sobre el estreno.
Extraído de Wikipedia:  http://en.wikipedia.org/wiki/The_Rite_of_Spring


Al parecer esta reacción del público lejos de incomodar al productor de la obra, el genial promotor de los ballets rusos Diáguilev, desató su entusiasmo: “exactamente lo que yo quería”, vino a confesar unas horas después en el restaurante donde se reunió con la compañía. Nadie como él, recuerda el propio compositor, “comprendía el valor de la publicidad”.  ¿No es para echar de menos veladas como aquellas en el mundo de la música de hoy?  ¿No es triste que los escándalos en nuestros días se manifiesten en reality shows televisivos de nulo valor artístico y no en propuestas ambiciosas donde late el impulso más innovador?

Pero este episodio nos permite también recordar que Stravinski, un músico que constituye la encarnación misma de las corrientes más vanguardistas del arte, desconfiaba de algunas manifestaciones del progreso. Esos medios modernos de difusión, como los tocadiscos, que favorecían la “sobrealimentación caótica” o la “sobresaturación de sonidos” representaban para el compositor ruso un riesgo de “embrutecimiento” de las masas, al eliminar el esfuerzo que es necesario para la comprensión del arte. La facilidad con que se accede a un sin fin de obras podía llevar a una paralización progresiva de la “facultad activa del oyente” y de su “capacidad de discernir”, volviéndoles “indiferentes ante la calidad de los fragmentos musicales que se les brindan”. ¿Qué pensaría nuestro autor en el universo actual de las plataformas de música en línea?



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